En otro artículo de esta serie conté la historia de Laszlo Hanyecz, que en 2010 pagó 10.000 bitcoins por dos pizzas. Esos bitcoins no los había comprado: los había minado en el ordenador de su casa, cuando bastaba con tener un PC encendido para conseguirlos a miles. Ese mundo ya no existe. Hoy la minería de bitcoin es una industria de naves y centrales eléctricas, y para un particular la pregunta «¿puedo minar bitcoin desde casa y ganar dinero?» tiene, casi siempre, una respuesta incómoda. Hagamos las cuentas, con honestidad.
Qué es la minería de bitcoin (y por qué antes era casi gratis)
Minar significa poner potencia de cálculo al servicio de la red para validar transacciones y añadir bloques a la blockchain; quien «cierra» un bloque recibe a cambio bitcoins nuevos. Es el propio protocolo el que paga. En 2009 la recompensa era de 50 bitcoins por bloque y, en 2010, un ordenador normal bastaba. Pero el sistema está diseñado para volverse cada vez más difícil: la recompensa se reduce a la mitad cada cuatro años aproximadamente — tras el halving de abril de 2024 bajó a 3,125 bitcoins por bloque — y la dificultad se ajusta sola para mantener el ritmo, subiendo a medida que entran máquinas más potentes. Traducido: hace falta cada vez más potencia para obtener cada vez menos.
Por qué hoy minar bitcoin desde casa casi siempre da pérdidas
Aquí las cuentas hablan claro. Para Bitcoin hacen falta ASIC, máquinas dedicadas que cuestan miles de euros, y se compite contra granjas industriales alimentadas por hidroeléctrica o gas, con electricidad por debajo de 0,05 € el kWh. En España la luz cuesta mucho más — tanto que minar bitcoin como particular es, en la práctica, una utopía. Un equipo doméstico de unos pocos kilovatios puede generar una factura de varios cientos de euros al mes y minar bastante menos de lo que consume. El resultado, para la inmensa mayoría, es una pérdida mensual — y el hardware, pagado miles de euros, no se amortiza. A eso se suman el calor, el ruido (un ASIC suena como un aspirador encendido día y noche) y la obsolescencia rápida. No extraña que toda la red Bitcoin consuma tanta electricidad como un país de tamaño medio, como mide desde hace años el índice de la Universidad de Cambridge.
Los «atajos» que no lo son
Llegados aquí aparecen las ofertas que prometen saltarse el problema: cloud mining, apps que «minan gratis», contratos de hosting con rentabilidades espectaculares («¡ROI del 124%!»). Conviene mirarlas con recelo. Muchas apps de minería gratuita no minan nada: pagan calderilla o viven de tus datos. Y los contratos de cloud mining a menudo trasladan el riesgo a ti mientras el operador cobra igual: si los números fueran tan buenos, no necesitarían vendértelos.
Cuándo puede tener sentido
Existen excepciones honestas. Quien tiene placas solares con baterías, y por tanto energía a coste casi nulo; quien accede a tarifas business muy bajas; quien lo hace por pura pasión tecnológica, sin esperar un retorno. Para todos los demás, la realidad es que — a igualdad de riesgo — comprar y conservar bitcoin suele rendir más que minarlo. Lo admiten incluso las guías del sector menos sospechosas de pesimismo.
La pregunta correcta
El hilo que une esta serie es siempre el mismo. Igual que con los «bitcoin gratis«, también con la minería la promesa de un atajo esconde un coste que pocos te cuentan. Para un particular, minar bitcoin no es una vía de acceso fácil: es una industria. La verdadera palanca no es el hardware en el garaje, sino entender qué son realmente las criptomonedas y cómo reaccionamos emocionalmente a su precio — es decir, la psicología de las criptomonedas, una parte del cuadro más amplio de la Psicología del Dinero.
